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Lengua y literatura: Hacia una pedagogía intercultural
en la enseñanza de español para hispanohablantes
María Asunción Gómez
Florida International University
En las tres últimas décadas, la enseñanza de
español para hispanohablantes se ha centrado en el desarrollo
de una pedagogía multicultural y antirracista, la cual
anticipa la llamada "border pedagogy" que comienza a
introducirse en las humanidades y las ciencias sociales sobre todo
a partir de los años 90.1 Esta "pedagogía
fronteriza" propone la construcción de un proyecto cultural
polifónico cuya meta es la articulación de una
competencia comunicativa que abarque una gran diversidad de
culturas. Es bien sabido que este tipo de pedagogía intenta
eliminar la naturaleza monodisciplinaria (literaria en el caso de
los departamentos de idiomas) de los programas de estudio. Algunos
han manifestado su preocupación por el uso excesivo de textos
literarios en la enseñanza de idiomas y han expresado su
desacuerdo con los objetivos planteados en los cursos de
español para hispanos a nivel universitario: conseguir
que los estudiantes adquieran un dominio del lenguaje literario
(Hidalgo 88-89). A otros que, por el contrario, reconocen las
ventajas del uso de textos literarios en las clases de lengua,
les inquieta el énfasis que se sigue poniendo en el canon
literario y, consecuentemente, abogan por la introducción
de obras literarias representativas de la cultura de la comunidad
estudiantil dominante (chicana, puertorriqueña o
cubanoamericana).2
Es cierto que, como profesores de español, tenemos la
obligación de dotar a nuestros estudiantes hispanos de la
competencia multicultural que la realidad social de los Estados
Unidos exige, y que, por lo tanto, debemos evitar que "se
familiaricen solamente con un canon literario, negándoles
así la capacitación cultural y la competencia
discursiva para que puedan comunicarse e interactuar con las
comunidades latinas en los Estados Unidos" (Aparicio 230); no
obstante, y contrariamente a los prejuicios mostrados por aquellos
que rechazan la literatura (especialmente la canónica)
como herramienta de aprendizaje de la lengua y la cultura, es mi
convicción que la inclusión de una buena
selección de textos literarios (canónicos y
marginales) es un componente esencial para el desarrollo no
sólo de una competencia lingüística y
multicultural, sino también para problematizar las visiones
que se dan en dichos textos sobre la identidad hispana.
Obviamente, los textos literarios no son ni los únicos, ni
tampoco necesariamente los modelos más apropiados para
aprender la lengua y la cultura hispanas; sin embargo, en la
actualidad, o bien se está subestimando su valor
pedagógico, o bien se están explotando de forma
mecánica y sin que queden integrados dentro de objetivos
lingüísticos específicos y, al mismo tiempo,
variados.3 En este trabajo, se expondrán algunas
de las razones (curriculares, lingüísticas y
pedagógicas) que justifican un uso sistemático (no
esporádico) de textos literarios y el potencial de los
mismos como herramientas de aprendizaje de la lengua, para pasar
después a exponer algunos de los aspectos que habremos de
tener en cuenta a la hora de integrarlos en los cursos
universitarios de español para hispanohablantes enfocados en
la enseñanza de la escritura.
Con demasiada frecuencia, los programas de estudio de los
departamentos de español y lenguas extranjeras separan el
aprendizaje de la lengua y de la literatura. En las universidades
estadounidenses, los cursos de lengua atraen a la gran
mayoría de los estudiantes; sin embargo la lengua es una
especie de "pariente pobre," de la cual los catedráticos
han preferido mantenerse alejados, siempre que haya un estudiante
graduado o un profesor adjunto dispuesto a encargarse del "trabajo
sucio." Esta actitud ha justificado y reforzado las
jerarquías y la falta de comunicación entre los que
enseñan lengua y los que enseñan literatura y ha
repercutido negativamente en un desarrollo coherente de los
programas de estudio y, en último término, en los
estudiantes. Éstos se ven obligados a pasar, con frecuencia
sin ninguna transición, de los cursos de lengua a los de
introducción a la literatura, donde tendrán que leer
y comentar críticamente una serie de textos que, por el
simple hecho de ser literarios, tienen el don de inspirarle un
respeto y un pavor, que les impide expresarse de forma adecuada
sobre los mismos. Por lo tanto, los cursos de gramática y
redacción deben estar diseñados de forma que sirvan
para tender un puente entre lengua y literatura.
Si bien uno de los objetivos primordiales de las clases de
español para hispanohablantes es el de familiarizar a los
estudiantes con diferentes registros, estilos y variaciones
regionales de la lengua, en los textos literarios encontramos una
fuente inagotable para ejemplificarlos. En las dos últimas
décadas se ha venido insistiendo en la necesidad de evitar
actitudes clasistas y etnocéntricas que han desembocado en
la enseñanza de un español estándar como
única variante dialectal "correcta" y en un énfasis
casi absoluto en los registros formales de la lengua.4
Guadalupe Valdés distingue las tres posturas principales que
los profesores de español adoptan respecto a la
enseñanza de un español estándar como segundo
dialecto: (1) erradicación, (2) "biloquialismo" y (3)
apreciación de los diferentes dialectos. La actitud
tradicional es que todos los dialectos que se alejen de la norma
estándar del idioma son en sí deficientes y por lo
tanto deben ser erradicados. Los defensores del "biloquialismo"
(término adoptado para evitar las connotaciones peyorativas
de "bidialectismo"), promueven, por el contrario, el aprendizaje de
un segundo dialecto que convivirá con el primero. La tercera
postura aboga, no por una erradicación o adición de
dialectos, sino más bien por iniciar una toma de conciencia
sobre las distintas variantes del idioma conocidas como dialectos y
sobre todo por subrayar que, en realidad, ningún dialecto
(ni siquiera el supuesto español estándar) es
intrínsicamente superior a los demás (18-22).
Valdés afirma que esta tercera postura es poco realista y
que, por lo tanto, no ha gozado de tanta aceptación como
la segunda. Opino, por el contrario, que la apreciación de
las distintas variedades regionales del español no tiene
que ser planteada como una utopía, sino como uno de los
objetivos de los cursos para bilingües y es indudable que
los textos literarios nos ofrecen el material ideal para alcanzarlo.
Debido al fácil acceso que tenemos a una gran variedad de
textos pertenecientes a las tradiciones literarias de los distintos
países de habla hispana (incluyendo los Estados Unidos), es
relativamente sencillo encontrar fragmentos representativos de las
diversos dialectos del español que además se ajusten
al resto de los objetivos perseguidos en un curso de español
para bilingües. En otras palabras, la apreciación de las
variantes regionales se puede llevar a cabo al mismo tiempo que se
realizan otro tipo de actividades enfocadas a: (1) perfeccionamiento
de las estrategias de comprensión lectora; (2) mejora de la
expresión escrita mediante la práctica de las cuatro
formas básicas de expresión: la descripción,
la narración, el diálogo y la
exposición5; (3) discusión del papel de los
diversos estilos discursivos y registros; (4) desarrollo y
expansión del léxico; (5) presentación de
aspectos gramaticales problemáticos y de la ortografía
normativa; (6) desarrollo de la competencia multicultural del
estudiante. Dichas actividades deberán, en último
término, motivar a los estudiantes hispanohablantes a
encontrar nuevas formas de autoexpresión encaminadas a
una toma de conciencia de su identidad lingüística y
cultural.
Otras ventajas (lingüísticas y pedagógicas) que
se derivan del uso de textos literarios están relacionadas
con la mayor contextualización que éstos proporcionan
si los comparamos con los ejercicios gramaticales tradicionales.
Veamos, por ejemplo, el tipo de ejercicios que Sarah Marqués
propone en La lengua que heredamos como práctica a las
explicaciones gramaticales sobre el uso del condicional (260-62).
El primer ejercicio incluido consiste en completar una serie de
oraciones con la forma condicional del verbo dado en el infinitivo.
(Ej. Si no estuviera tan cansada, me poner mi abrigo nuevo y
salir a dar una vuelta). En el siguiente ejercicio se le pide
al estudiante que traduzca un grupo de frases del inglés al
español. El tercer ejercicio propuesto sigue en la
línea del primero: "Use el imperfecto o el condicional
del verbo dado en infinitivo según convenga." Finalmente,
la última actividad es un tanto más creativa, pero
totalmente inadecuada: "Basándose en la fotografía de
la lección, escriba un párrafo usando el condicional
para describir posibles acciones de las personas y las condiciones
del escenario: Ej. Probablemente esas personas irían a...."
Aunque el ejercicio en sí (la descripción de
fotografías y la creación de hipótesis) es
válido, no es apropiado para practicar el condicional,
puesto que cuando describimos una fotografía no tendemos a
usar este tiempo verbal, sino el presente o el futuro de probabilidad.
Las posibilidades que nos ofrece una buena selección de
textos literarios son inmensamente más ricas. Tomemos como
ejemplo una frase de El otoño del patriarca de Gabriel
García Márquez, que se prestaría para este tipo
de ejercicio6:
Aquella falta de sentido histórico había de tener su
noche de esplendor en el banquete de gala con que celebramos el
desembarco de los infantes de marina al mando del almirante
Higginson, cuando Bendición Alvarado vio a su hijo en
uniforme de etiqueta con las medallas de oro y los guantes de
raso que siguió usando por el resto de su vida y no pudo
reprimir el impulso de su orgullo materno y exclamó en voz
alta ante el cuerpo del diplomático que si yo hubiera
sabido que mi hijo iba a ser presidente de la república
..., señor, cómo sería la vergüenza que
desde entonces la desterraron en la mansión de los suburbios,
un palacio de once cuartos que él se había ganado en
una buena noche de dados.
Los estudiantes buscarán el tiempo verbal apropiado (el
condicional compuesto o el pluscuamperfecto de subjuntivo) y
crearán frases más o menos originales y más o
menos extensas. Después se les presentará la forma un
tanto imprevisible con que García Márquez acaba la
frase condicional: "si yo hubiera sabido que mi hijo iba a ser
presidente de la república lo hubiera mandado a la
escuela...." La reacción de los estudiantes puede ser
igualmente imprevisible: algunos captarán inmediatamente la
ironía que la oración encierra; otros, por el
contrario, pensarán que es absurda; con un poco de suerte,
alguien hará una alusión a los dictadores
hispanoamericanos y a la realidad sociopolítica a que alude
el fragmento de García Márquez. Si este comentario no
se produjera de forma espontánea, se podría formular
una pregunta general sobre el tema y, dependiendo de las
constricciones de tiempo o la urgencia por comunicar este aspecto
cultural, se proporcionaría mayor o menor información
sobre el mismo. Como vemos, con este tipo de actividad hemos
logrado enfocar una cuestión gramatical basándonos en
una pedagogía centrada en el estudiante y practicando las
cuatro destrezas (lectura, escritura, expresión oral y
comprensión auditiva), al mimo tiempo que se discute un
aspecto cultural de interés sociopolítico.
Las posibilidades de explotación pedagógica de un
texto literario pueden ser múltiples. Así, la
oración de García Márquez arriba citada, puede
ser usada para objetivos muy diversos. En una clase de
"Gramática Avanzada y Redacción," por ejemplo, se
puede utilizar esta única frase en distintos momentos del
curso para:
1. Estudiar la estrategia narrativa del estilo indirecto libre,
analizar sus técnicas y compararlas con las del estilo
directo y del indirecto. Otras actividades relacionadas con este
objetivo principal consisten en distinguir la parte narrativa de la
dialogada y en convertir la oración al estilo
directo.7
2. Identificar las funciones del lenguaje dominantes en las
distintas partes de la frase (expresiva en la parte dialogada y
denotativa en la parte narrativa) y los niveles del lenguaje que se
mezclan en la frase (el coloquial y el culto) y que corresponden,
respectivamente, a Bendición Alvarado y al narrador.
3. Practicar el uso convencional de los signos de puntuación.
Puesto que una de las características del estilo indirecto
libre es la escasísima puntuación, la frase constituye
un fragmento ideal para intentar puntuarla, de acuerdo con la norma
académica. Este tipo de planteamiento tiene ventajas sobre el
ejercicio tradicional en el que se proporciona a los estudiantes un
fragmento sin signos de puntuación y se espera de ellos que
adivinen dónde se encontraban éstos originariamente.
Por otra parte, reforzamos la idea de que el modo convencional de
puntuar no es necesariamente la única forma posible de hacerlo.
4. Aumentar la fluidez y el grado de madurez sintácticos a
través de prácticas de manipulación y
combinación de frases.8 La mayor parte de los
estudiantes de las clases de español para hispanohablantes
tienden a expresarse a través de construcciones
sintácticas simples y es por esto que debemos proporcionarle
ejercicios encaminados a la producción de oraciones de mayor
complejidad estructural.9 La eficacia de tales ejercicios
ha sido ampliamente demostrada a través de las investigaciones
que se han venido llevando a cabo desde los años 60 con
hablantes de distintas edades e idiomas. Existe un buen número
de libros de texto que basan la práctica de la escritura en
dichos ejercicios de manipulación sintáctica.10
Como se desprende de las actividades arriba descritas, existen
también ventajas pedagógicas que se derivan de un uso
adecuado de fragmentos literarios en la enseñanza de la
lengua. Éstos se prestan a realizar ejercicios interactivos
y a crear discusión, puesto que el lenguaje literario
está basado en la connotación, y los textos, por
lo general, quedan abiertos a múltiples
interpretaciones.11 Por otra parte, la lectura de textos
literarios debe estar enfocada a estimular en los estudiantes
hispanohablantes una toma de conciencia de la valiosa herencia
cultural, la cual irá unida a una mayor autoestima y a un
sentimiento de orgullo de su lengua materna y de su identidad
cultural hispana.
Veamos ahora, aunque sólo sea de forma sintética,
algunos de los aspectos claves que habremos de tener en cuenta para
conseguir que la integración de los textos literarios sea
exitosa en el desarrollo de una competencia intercultural,
así como en la mejorara de las destrezas de lectura y
escritura. En primer lugar es importante llevar a cabo una
elección apropiada de obras literarias. El criterio de
selección no ha de ser la cualidad estética del texto,
ya que éste no tiene por qué ser presentado
necesariamente como modelo de escritura. De hecho, algunos
textos "mal escritos" pueden ser mucho más motivadores que
aquellos otros sintáctica y estructuralmente impecables. Es
esencial que exista una variedad no sólo de géneros,
períodos literarios y autores, sino también, como ya
indicamos, de registros y de dialectos.
La dificultad de los textos variará dependiendo del nivel del
curso; no obstante, es necesario potenciar el interés del
estudiante por acercarse a textos que representen un reto, por su
dificultad estructural o lingüística; ante todo, no
es aconsejable abordar el texto literario partiendo de versiones
reducidas o adaptadas. No es preciso simplificar el texto, sino la
tarea.12 Teniendo en cuenta este principio, definiremos
unos objetivos pedagógicos claros y concretos. El
énfasis para conseguirlos debe estar en el texto mismo: no
se trata de encuadrarlo en un género o período
determinado, de dar información sobre su autor, o de que el
estudiante se familiarice con un metalenguaje literario.13
Teniendo en cuenta que un buen número de nuestros estudiantes
necesitan una buena dosis de motivación para la lectura, las
actividades han de ser no sólo motivadas, sino
también motivadoras.14 En otras palabras, es preciso crear
ejercicios variados, amenos y lúdicos, y compaginar la
lectura de obras literarias con la apreciación de otros
modos de representación de las mismas (adaptaciones
cinematográficas de relatos, novelas y obras teatrales,
versiones musicales de poemas, etc.).
Las actividades de lectura deberán desarrollar
técnicas y estrategias que incluirán, entre otras:
(1) ejercicios de prelectura que activen conocimientos y
experiencias socioculturales relacionados con el texto; (2) la
realización de hipótesis sobre su función y
contenido; (3) el desarrollo de las capacidades de selección,
de organización del contenido y de inferencia del significado
usando el contexto; (4) la paráfrasis; (5) la
personalización, es decir establecer una relación de
lo leído con la propia experiencia o con otras lecturas.
Es además aconsejable que la asignación de las
lecturas se haga en conjunción con tareas escritas. La
propia experiencia nos confirma que cuando se asigna una tarea de
lectura es mucho más probable que los estudiantes "se la
tomen en serio" si se les pide que hagan algún ejercicio
escrito relacionado con la misma (un resumen, un esquema, una
opinión, etc.). Además, los resultados de varias
investigaciones demuestran que los estudiantes que mejor escriben
son también los mejores lectores, y que a escribir con
soltura y elegancia no se aprende escribiendo más, sino
aumentando el número de lecturas.15
Los estudios realizados por diversos investigadores norteamericanos
sobre el aprendizaje de la escritura nos sirven de guía para
un uso más efectivo de las estrategias a adoptar en nuestras
clases de español para bilingües. Estas estrategias se
podrían resumir en los siguientes puntos:
1. Los ejercicios tradicionales de gramática no deben ser
considerados en sí como ejercicios de escritura, puesto que
de hecho no ayudan al estudiante a escribir mejor. Después
de considerar los resultados de un significativo número de
investigaciones, Strom (1960) y Sherwin (1969) llegan a la
conclusión de que la gramática tradicional tiene un
efecto mínimo en el perfeccionamiento de la expresión
escrita y que, por lo tanto, su estudio es inefectivo e ineficiente.
2. Las actividades de combinación de frases basadas en la
gramática transformativa, como ya se apuntó
anteriormente, son eficaces para conseguir que el estudiante
elabore oraciones de una mayor complejidad sintáctica.
3. Es necesario poner un mayor énfasis en experiencias de
pre-escritura. Estos ejercicios de pre-redacción se llevan
a cabo antes o durante el proceso de redacción y deben estar
encaminados a promover una participación activa por parte del
estudiante (reflexión sobre el tema, discusión en
grupos, lluvias de ideas, elaboración de esquemas, etc.).
El proceso de discusión y los ejercicios de pre-escritura
han demostrado ser beneficiosos a la hora de mejorar la
expresión escrita (Radclifffe 1972) y los textos literarios nos
proporcionan el material básico para desarrollarlos. Este
tipo de actividades sirve como punto de partida para trabajos de
escritura creativa o para redacciones expositivas sobre uno de los
temas que plantea el texto literario.
4. La promoción de proyectos colectivos de escritura
creativa es especialmente motivadora y debe ser practicada con
frecuencia. A pesar de que se puede experimentar con distintos
géneros literarios, el teatro y la poesía son
particularmente apropiados para este tipo de trabajos en grupo.
5. Por lo que al tema de la corrección de tareas escritas se
refiere, no se han llegado a conclusiones definitivas sobre
cuál sea la forma más eficaz de llevarlas a cabo.
Como norma general, el enfoque de evaluación ha de ser
flexible pues una corrección exhaustiva de los errores
ortográficos y gramaticales es, por lo general, futil y
desmotivadora. Sería más apropiado proporcionar
observaciones sobre problemas de organización de contenido,
exposición de ideas, coherencia, estilo, etc., y ofrecer
sugerencias o alternativas para mejorar formas de expresión
determinadas. De la misma manera, se debe llevar a cabo un refuerzo
de todos los aspectos positivos que se observen en la tarea del
estudiante mediante comentarios detallados, de modo que estos
aciertos queden reconocidos debidamente.16 Este
acercamiento "positivo" a la evaluación de los ejercicios
escritos es especialmente importante en la enseñanza del
español a bilingües, puesto que éstos son
conscientes de su categorización como estudiantes
"deficientes" o "inferiores" y sufren problemas de inseguridad y
autoestima que desembocan en un rechazo a aprender o reaprender
la lengua española. Es nuestro deber, como profesores,
demostrarles que esas supuestas "deficiencias" no son de tipo
intelectual, sino más bien cultural, y ofrecerles nuestro
apoyo incondicional para ayudarles a superarlas.
Una vez considerados estos cinco aspectos claves, concluiremos con
una afirmación cuasi sacrílega: nuestro
acercamiento a la literatura ha de ser lúdico. Más
que aprender a "venerar" la literatura hispana, a los estudiantes
se les invita a "usar," e incluso "abusar" de ella, siempre que
esto redunde en un desarrollo de su competencia
lingüística y cultural. Si además de esto les
contagiamos nuestra pasión por la lectura, y logramos que,
mediante una apreciación de la rica herencia cultural y
literaria de su lengua materna, tomen conciencia de su identidad
como hispanos, nuestros objetivos habrán quedado superados
con creces.
Notas
1 Véanse los trabajos de Giroux y Mullen sobre el
multiculturalismo y la pedagogía fronteriza, así como
las contribuciones de Fantini, Aparicio y Alarcón sobre los
aspectos culturales de la enseñanza del español a
hispanohablantes en Estados Unidos.
2 Dentro de este grupo tenemos que incluir a Frances
Aparicio y Angie Chabram Dernersesian. En un artículo
publicado en Hispania en 1983, Aparicio propugna el uso de
textos literarios de autores chicanos, puertorriqueños y
cubanoamericanos en ejercicios de escritura y redacción.
Diez años más tarde, Chabram Dernersesian publica
"The Role of Chicano Literature in Teaching Spanish to Native
Speakers," un trabajo con un enfoque más específico
que, además de proporcionar útiles sugerencias
bibliográficas sobre literatura chicana reciente, plantea
las ventajas del uso de literatura chicana en el desarrollo de una
identidad lingüística y cultural.
3 Basta echar una ojeada a algunos de los libros de texto
de español para hispanos de más difusión, para
comprobar, ya sea una deficiente representación de lecturas
literarias, ya una pobre explotación de las mismas. Mientras
en el texto de Hugo Mejías y Gloria Garza Swan Nuestro
español: Curso para estudiantes bilingües, no
encontramos ningún texto literario propiamente dicho,
Guadalupe Valdés y Richard Teschner, en su primera
edición de Español escrito: Curso para
hispanohablantes bilingües, incluyen fragmentos literarios
en tan sólo uno de los veintidós capítulos de
que está compuesto el libro; algo similar ocurre en La
lengua que heredamos: Curso de español para bilingües de
Sarah Marqués (dos lecturas en veintidós
capítulos). Mundo 21 de Samaniego, Alarcón y
Rojas, y Mejora tu español: Lectura y redacción
para bilingües de Marta de la Portilla y Beatriz Varela,
incluyen un porcentaje ligeramente más alto, pero los
ejercicios propuestos no van más allá de una serie de
preguntas de comprensión del texto. Esta misma falta de
creatividad la encontramos en El español y su estructura:
Lectura y escritura para bilingües, un texto que a pesar
de presentar un gran número de lecturas literarias
representativas de distintos países hispanos, no ha incluido
géneros literarios variados (las lecturas se limitan a 12
cuentos y cuatro ensayos). Nuevos Mundos de Ana Roca, en
cambio, es uno de los libros de texto más variados y
actualizados en cuanto a la selección de lecturas se
refiere.
4 Guadalupe Valdés y Nasario García
advierten ya en 1976 los peligros de adoptar actitudes excesivamente
puristas en la enseñanza del español a
hispanohablantes. Ambos proponen una introducción gradual
de la variedad dialectal estándar, sin que esto suponga
la eliminación del dialecto materno del estudiante.
Ésta ha sido la postura que, por lo general, se ha seguido
defendiendo desde los años setenta hasta el presente.
Entre los estudios recientes que tratan el tema de la variedad
estándar destacan los de Margarita Hidalgo, John Lipski,
Máximo Torreblanca, Carmen Silva-Corvalán, Ricardo
Otheguy, M. Cecilia Colombi y Jorge E. Porras, todos ellos
publicados recientemente en La enseñanza del español
a hispanohablantes.
5 Se pueden encontrar descripciones (objetivas y
subjetivas) de personas, animales, lugares y objetos tanto en la
prosa como en el género poético, así como en
las acotaciones de obras teatrales. El diálogo suele
desempeñar un papel esencial en las creaciones en prosa y,
obviamente, es la forma de expresión propia del género
dramático. La narración (objetiva o subjetiva)
predomina en la prosa y en la poesía épica.
Finalmente, la exposición es la forma de expresión
básica del género ensayístico.
6 El ejercicio que proponemos se lleva a cabo en clase.
En grupos de tres, se les pide a los estudiantes que se turnen para
leer en voz alta los fragmentos seleccionados. En todos ellos hay
frases condicionales incompletas que deben señalar y terminar
de forma creativa. A continuación, se comparan las soluciones
propuestas por los distintos grupos, y después de escuchar
todas las sugerencias y comentar o corregir cuestiones gramaticales,
siempre que se considere pertinente, revelaremos las palabras
textuales con que los autores terminan las estructuras condicionales
que constituyen el enfoque gramatical de la actividad.
7 Otro posible ejercicio con objetivos que irían
más allá del ámbito lingüístico
propiamente dicho, consistiría en analizar el complejo punto
de vista del narrador y el efecto que produce en el lector este tipo
de unión entre los elementos narrativos y las intervenciones
de los personajes. El narrador adopta una compleja perspectiva, al
situarse, casi simultáneamente, en un doble plano: uno
distanciado (cuando observa y describe las acciones de los
personajes) y otro íntimo (cuando se mete en la mente de
los personajes y descubre sus pensamientos).
8 Aunque este ejercicio está basado en la
teoría de la gramatica generativa y transformacional, a los
estudiantes no se les proporciona ninguna terminología
específica a la hora de llevar a cabo los ejercicios. El
investigador pionero en este tipo de prácticas fue Hunt en
1965; le siguieron Mellon (1969) y Cooper (1977), entre otros.
Para estudios en español, véanse Haché de
Yunen y Ollaqui de Montenegro.
9 Es relativamente sencillo crear este tipo de
ejercicios, partiendo de textos literarios. Las etapas de la
actividad serían las siguientes: (1) el/la profesor/a
"desglosa" un breve párrafo en oraciones simples; (2) en
parejas o en grupos de tres los estudiantes combinan las oraciones
creando otras estructuralmente más complejas a través
de la adición o elisión de ciertas palabras. Por
ejemplo, en el caso de la frase citada de García
Márquez el estudiante tiene que construir no más de
cuatro o cinco oraciones partiendo de las 15 que se le proporcionan:
Bendición Alvarado carecía de sentido histórico.
Esto se manifestó de forma obvia en el banquete de gala. El
banquete de gala se celebraba el desembarco de los infantes de
marina. Los infantes de marina estaban al mando del almirante
Higginson. Bendición Alvarado vio a su hijo en uniforme de
etiqueta. El uniforme de etiqueta tenía medallas de oro y
guantes de raso. El hijo de Bendición Alvarado siguió
utilizando los guantes de raso por el resto de su vida.
Bendición Alvarado no pudo reprimir el impulso de orgullo
materno. Bendición Alvarado exclamó en voz alta:
"Si hubiera sabido que mi hijo iba a ser presidente de la republica,
lo hubiera mandado a la escuela, señor." Se sintieron
avergonzados. La desterraron en la mansión de los suburbios.
Esta mansión era un palacio de once cuartos. El hijo de
Bendición Alvarado la había ganado en una buena noche
de dados; (3) uno de los grupos escribe sus oraciones en la
pizarra, las cuales se discuten en grupo; (4) los estudiantes
comparan sus soluciones con el texto original; (5) el/la profesor/a
puede recoger, si lo considerara conveniente, las oraciones creadas
por el resto de los grupos para ofrecer comentarios individualizados.
10 En ocasiones se ha llegado a extremos exagerados; tal
es el caso de Nuestro español: Curso para estudiantes
bilingües de Hugo Mejías y Gloria Garza Swan, el
cual basa absolutamente toda la práctica de la escritura en este tipo de ejercicios.
11 Un posible ejercicio de redacción sería
que los estudiantes escribieran un final a uno de los tantos cuentos
con final abierto que nos brinda la literatura hispana.
12 Este lema tiene un mayor impacto, cuando se expresa
en inglés en los siguientes términos: "Simplify the
task, not the text."
13 Muchos estudiantes que no tienen intención de
especializarse en literatura muestran un rechazo absoluto de este
metalenguaje que no va a tener ninguna utilidad funcional ni en su
vida personal ni profesional.
14 Como es fácilmente comprobable, en la
mayoría de los libros de español para hispanos,
las actividades de comprensión de la lectura se limitan
a una lista de preguntas, en algunos casos un tanto absurdas,
sobre el contenido de la misma. No obstante, hay muchas formas
de trabajar la comprensión de un texto. En este sentido,
la obra de Francois Grellet Developing Reading Skills, nos ofrece
múltiples y valiosas sugerencias para desarrollar la
competencia lectora tanto en la lengua materna como en un idioma
extranjero.
15 Véanse al respecto las investigaciones de
Blount, Christiansen, Heys, y Strom.
16 Véanse los resultados de las investigaciones
de Adams (1971) y Gee (1972), mencionados en las publicaciones de
Dietrich (1973) y Cooper (1974), respectivamente.
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María Asunción Gómez es profesora en Florida
International University (Miami) donde enseña y coordina los
cursos de lengua española. Además de sus
contribuciones en revistas como Bulletin of Hispanic Studies,
Letras Peninsulares, Journal of Interdisciplinary Literary
Studies, Crítica Hispánica, Anales de la
Literatura Española Contemporánea, y
Estreno, entre otras, es autora del libro
Del escenario a la pantalla (University Press of North
Carolina).
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