Los acto-espacios y los espacios queer
con una aplicación a la obra Don Juan Tenorio
Francisco Manzo-Robledo
Washington State University
La literatura, a veces mejor que la vida
real, se presta para el estudio de prácticas de los miembros
de una sociedad. Las obras creativas como reflejo de ésta,
aunque sea parcial, son documentos que facilitan la corroboración
de lo que sucede en la colectividad. La propuesta que sigue,
por lo mismo, no se limita a la literatura. Por el contrario,
es aplicable a la vida diaria de cada quien. Sin embargo, es
en la literatura donde mejor puede ejemplificarse. La explicación
teórica que se propone a continuación no es única
en su esencia pero sí en su orientación. Sin embargo,
podría asignársele una base sólida en el
estructuralismo de A. J. Greimas, el cual provee "a complete
inventory of possible human relations (sexual, legal, etc.) which,
when applied to text strategies, will allow the analyst to discover
the possibilities which are not said. This 'not said'is the repressed
History" (Raman Selden and Peter Widdowson 97), pero es en
la teoría queer1 en donde principalmente
evoluciona. En este ensayo, una vez expuesta la teoría
necesaria, se aplica a la obra Don Juan Tenorio (1844)
de José Zorrilla (1817-93), para encontrar "la historia
reprimida." Esta obra se escoge por ser un texto de sobra
conocido. Sin embargo, como se dijo anteriormente, la utilidad
de la teoría por proponer no se restringe ya que puede
emplearse en cualquier obra literaria que modele conflicto(s)
de relación social, y de la misma manera, a los que se
manifiestan en la vida de cada quien.
En
el estudio y análisis de la literatura, es común
efectuar estudios formalistas de cómo la obra creativa
maneja las instancias en la que se desarrolla el proceso discursivo:
temporalidad, espacialidad y acción. El interés
principal de este ensayo se centra en la unidad de espacio,
una cierta unidad de espacio. La unidad de espacio a proponer
difiere en gran manera a la que tanta atención ha merecido
desde el punto de vista formal y que posiblemente sea todavía
de mayor interés en el género teatral. Para el
caso de la literatura, la propuesta parte de lo que está
escrito en el texto sea cual fuere su género; aquí
se hace referencia al teatro por ser el campo en donde con mayor
reiteración se cita aunque con una connotación muy
disímil. Por ejemplo, Patrice Pavis (cit. en Luzuriaga
50) ofrece una clasificación de la unidad teatral de espacio
de la siguiente manera: dramático (simbolizado,
el construido en la imaginación por el lector o espectador
a partir de las pistas en el diálogo, lo que está
escrito, es decir, la didascalia--en el texto--el decorado--en
el escenario); escénico (simbolizante, el
que el montaje hace visible sobre la escena), lúdico
(el creado por los movimientos de los actores durante la representación)
y metateatral (cuando el espacio lúdico se encuentra
dentro del espacio dramático). Durante la puesta en escena,
el espacio dramático puede unirse al espacio teatral en
la mente del espectador.2
Dentro de la corriente de la crítica
marxista, Fredric Jameson en su ensayo "Cognitive Mapping"
(1988), alude a un cierto espacio, un espacio, dice él,
quizá inexistente; es el espacio del conocimiento total.3
La idea del mapeo cognoscitivo puede ser utilizada en cualquier
área del conocimiento. En nuestro caso, la sola aplicación
del mismo no es conveniente porque en ese amplio espacio total
se pierde lo que en el desarrollo de este ensayo se desea resaltar.
Sin embargo, ese espacio del conocimiento (parcial, la más
de la veces) también está presente, y es por esta
razón que se le trae a colación.
En este ensayo se propone la existencia
de unos espacios diferentes a los arriba mencionados, pero que
bien se pueden desarrollar dentro de esos mismos. Los espacios
tienen que ver con el discernir, el hacer o no hacer algo, de
los personajes, con su actitud; tienen que ver con sus acciones,
con sus actos. Los espacios también se derivan de lo que
dice el narrador (si lo hay en la obra literaria) con respecto
a otros o para sí mismo, es decir, si los juzga o solamente
los apunta como si no tuvieran trascendencia. En gran parte,
los espacios se definen por medio de lo que está escrito
en el texto y de lo que finalmente el lector "admite"
o no de su lectura, su tipo de lectura como crítico.
Por medio de la lectura de un texto, se efectúa una relación
sintagmática de comunicación narrador-texto-lector.
El narrador, además de su intervención "relatora,"
de cierta manera es el director de cómo se presentan los
hechos. El narrador tiene el "poder" (conferido por
el autor) de "manejar" la aparición de los eventos
ante el lector, aunque no del hecho mismo (si es narrador "honesto"),
"maneja" los tiempos y, en ocasiones, califica las acciones.
Por su grado de "libertad," el narrador puede convertirse,
sin ser parte de la acción, en un reproductor de la ideología
en él prevaleciente (conferida por el autor). Todo esto
se da en el espacio de la acción (lo que hace o
desea hacer un personaje) y que cataloga a la misma como buena/mala,
aceptable/no-aceptable, pecaminosa/no-pecaminosa, que la pone
dentro/fuera del margen. Es el espacio del proceder, es el acto-espacio.
El acto-espacio puede percibirse a través del discurso
(esa realización de la lengua durante el proceso de comunicación)
en el texto o por medio del discurso oral y el de acción
en el teatro. En los acto-espacios los personajes se encuentran
circunscritos a lo que puede o no hacer/aceptar o no del proceder
de él mismo (convirtiéndose en agente de acción)
o de los otros (convirtiéndose en agente que juzga). El
campo de acción, es decir el "área" de
cualquier acto-espacio es suministrado al conjunto accionante
(personajes, narrador, etcétera) por el autor quien
por este hecho proporciona a su constructo un bagaje ideológico
y, por ende, una liga ideológica autor-texto queda definida;
así podemos hablar del autor y su obra literaria.
En la configuración de cualquier
acto-espacio intervienen varios factores. Sin embargo,
dos son los que más influyen. Estos factores son fuerzas
que, por su preeminencia, definen al acto-espacio, lo delimitan,
y pueden también estar en diferentes estados subrepticios:
en pugna o confrontación continua (como resultado
el espacio-actante es un agente rebelde, en duda, en batalla contra
el sistema); en equilibrio (agente neutro, el espacio-actante
acepta la "normalidad" de las cosas sin cuestionarlas
en absoluto); o una fuerza completamente dominante sobre
la otra (agente dominado/liberado, convencido, defensor).
La primera fuerza está constituida
por las limitantes sociales, costumbres, tradiciones, formas y
medidas de hacer las cosas de acuerdo al "buen actuar"
o los valores sociales y religiosos; es lo que impone la sociedad.
Todo lo anterior trata de circunscribir el campo de acción
presionando para que los actos del espacio-actante queden dentro
de esa delimitación. Esa fuerza conforma la "conciencia"
del personaje, es la presión del sistema sobre el individuo
que trata de colocar la carga virtual que representa "el
bien social." Esta fuerza, hegemónica de origen,
trata de ocluir. En su conjunto, podemos decir, son los impuestos
por la sociedad patriarcal.4
La otra fuerza es la voluntad del mismo
personaje (otorgada a discreción también por el
autor) para delinquir, transgredir, o aceptar los límites
impuestos como barreras por respetar; es un salvoconducto para
ser "buen ciudadano." El espacio-actante puede rebelarse
abierta o sutilmente o manifestarse para "salvaguardar,"
contra otros, los valores en cuestión. En estas condiciones
el agente se conforma a los impuestos. En la confrontación
de fuerzas, esta segunda trata de escindir, desplazar los límites
de acción compulsa , o bien, presionar de una u otra forma
para mantenerlos incólumes, pudiendo reducir su propio
acto-espacio (hacia lo conservador). Es este ejercicio
continuo de acción-reacción lo que define al acto-espacio.
En la obra literaria, todo personaje (de
cierta importancia) tiene este espacio y entre el conjunto de
acto-espacios no existe homogeneidad, ni aun cuando todos
sus poseedores cumplan las limitantes que el sistema impone; existe
sí una coexistencia, ya que la "textura" o topografía
depende de la intensidad con que se cumplan esas limitantes, teniéndose,
por ejemplo, desde el fanatismo hasta la "liviandad,"
hasta el conformismo. Así pues, en una obra literaria
se puede observar una heterogeneidad de acto-espacios.
Es decir, las áreas que los definen no son iguales, con
más o menos holgura, aunque las limitantes sean las mismas.5
Así como el acto-espacio
de los personajes queda delimitado, el del narrador queda marcado
por su propio discurso. Sin embargo, como su posición
es la de un "operador", existe un arreglo convenenciero
de lo que se narra. El acto-espacio del narrador
tiene capacidad para expresarse ante el lector/crítico
por medio de la exposición de juicios con respecto a los
personajes o sus acciones y con la omnisciencia como poderosa
herramienta en el proceso. De esta forma, el narrador puede proponer
al lector/crítico una versión ideológica
de lo que sucede. En este proceso, el lector puede dejar sin
cuestionar la veracidad del mismo narrador que bien puede tener
una agenda diferente a la que se marca en la superficie, logrando
al final arreglos contrarios a los superficialmente propuestos,
funcionando igual que una alegoría.
Debe hacerse notar que los contenidos en
la obra literaria también pueden o no interferir con el
acto-espacio del lector/espectador/crítico. Este
último acto-espacio está delimitado por las
mismas fuerzas antes apuntadas, pero la transgresión es
una responsabilidad personal aunque sujeta a las mismas presiones:
de la familia, sociales, profesionales, etcétera. De esta
forma, el lector puede o no aceptar la propuesta en la obra creativa.
En este proceso se producen diferentes esquemas, siendo el de
más interés el activo, o sea el de
oposición/aceptación, hechor/defensor, originándose
un alejamiento/acercamiento entre obra-lector/espectador/crítico,
lo cual es uno de los factores importantes en el "gusto"
por la obra literaria. ¿De qué depende la reacción
crítica del lector? Al igual que los personajes, el narrador
y el autor de la obra, el lector/espectador/crítico tiene
un acto-espacio definido, construido por el sistema a base
de vivir en él todos los días. Al leer una obra,
el lector no puede dejar de lado su bagaje ideológico a
menos que en forma consciente se lo proponga para efectuar una
lectura abierta sin conjeturas a priori. La más
grave de esas conjeturas, hecha en forma consiente o no, es la
del patriarcado considerado como medio único de vida para
la sociedad. En el lector "inconsciente" de esos presupuestos,
la tensión producida en el enfrentamiento implícito-ya
que privilegiar al patriarcado significa marginación
automática de otras ideologías válidas
y que por lo mismo representan riesgo al sistema-pasa desapercibida.
En otras ocasiones, el lector interioriza esa tensión
y la acepta como algo que no se da con frecuencia, como algo "pasajero"
que sólo en la literatura, en la ficción, o en los
medios marginados existe. Por ejemplo, la existencia de lesbianismo,
homosexualidad, SIDA, etcétera. Otras veces, la obra sirve
para reafirmar, a manera de excusa, el porqué de la marginación
a todo lo que no encuadre en el espacio patriarcal; en
estas instancias el mensaje queda latente, descifrable con las
herramientas correctas. Un ejemplo concreto es la novela mexicana
Los muros de agua (1941) de José Revueltas (1914-76),
la cual es considerada por los críticos como una novela
de crítica marxista, pero el discurso allí utilizado
por el narrador, conlleva fuertes tintes homofóbicos, a
la postre, sirviendo como excusa para la marginación de
individuos con orientación sexual fuera del espacio
patriarcal.6
En las obras literarias, entre diferentes
personajes, surgen conflictos ya que los acto-espacios
pueden translaparse unos sobre otros. Estos conflictos son los
que las obras tratan de resolver durante el desarrollo de la trama.
Ocurrido el conflicto, la solución conspicua será
la que la ideología hegemónica proponga en base
a los impuestos. Es decir, la sociedad no admite estrategias
de arreglo desemejante a las que garanticen la "solución"
del conflicto de acuerdo a sus mandatos; por lo cual, el argumento
se cierra. Cuando la solución se da fuera del espacio
hegemónico, es cuando se recurre a un espacio-queer,
con normas de acción y comportamiento distintas a las
gobernantes. Así entonces, se tiene la obra contestataria,
aunque puede, aún así, representar el privilegio
de una ideología sobre otra. El sistema
social, como colectividad, es poseedor de un espacio-patriarcal,
fuera de él se desarrolla el espacio-queer ya
que entre los dos surgen grandes diferencias: el primero cierra
el argumento imponiendo límites, el segundo trata de abrirlo
para la libre elección. El acto contestatario tiene como
función principal exceder el espacio-patriarcal
que el sistema defiende (no necesariamente del patriarcal en su
totalidad, ya que puede estar circunscrito a la crítica
del sistema económico solamente). En la literatura, la
obra contestataria puede manejarse en el plano alegórico,
quedando entonces el mensaje de resistencia encubierto en espera
de que el lector/crítico "descubra" el significado
de la denuncia, o el mensaje puede ser franco y claro. Cualquiera
que sea el caso, lo importante es que el autor de la obra se
ve obligado a hacer uso del discurso del dominante y en el intento
de resistencia puede crear o proclamar otras injusticias. Es
decir, aun cuando las acciones son contrarias al sistema, el discurso
utilizado puede caer dentro del espacio hegemónico.7
La obra contestataria, contraria al espacio
hegemónico, es aquélla en la que el autor, inconforme
con lo que le plantea el sistema, escudriña otros espacios
en donde la solución al conflicto pueda tener otras alternativas
no aceptables en el espacio "normal." Estos son los
espacios con perspectivas diversas para el análisis de
lo sociocultural, de lo "diferente" en cuanto a orientación
sexual, de lo ideológicamente marginado: el espacio-queer,
en oposición al espacio-patriarcal. La utilización
de un espacio-queer, no garantiza que el conflicto,
expuesto en la obra sea "solucionado" o que la solución
al mismo sea finalmente un acto queer, ya que las fuerzas
del patriarcado pueden, al final, definitivamente prevalecer.
Es decir, todo regresa a la "normalidad."
Es obvio que en ninguna sociedad encontramos
acto-espacios interminables, libres de fronteras limítrofe.
Siempre existe un acomodo al cual el individuo debe ajustarse
so pena de apercibimiento. En los párrafos anteriores
ya se han mencionado, en forma general, varios de los orígenes
de los limitantes del acto-espacio, a continuación
se ofrece, como ejemplo, una aplicación . No es el intento
el análisis de la obra en sí, sino más bien,
la aplicación de los conceptos antes vertidos; para utilizarlos
se debe leer contracorriente es decir, desde una visión
queer que como dice Foster "propone abrir el debate,
no cerrarlo" (7) con modelos restrictivos. La teoría
queer permite entonces la propuesta de modelos alternativos
liberados de las restricciones hegemónicas.
De la obra, se escogen los textos en donde
mejor se caracterizan las tensiones en las relaciones interhumanas.
En el drama por analizar, interesa la creación de espacios
por parte del autor para lograr una resolución al conflicto
creado en el texto de la obra. Con este análisis, además
de mostrar la aplicación de los espacios propuestos, se
manifiesta que Zorrilla crea un espacio cuyo clímax se
produce al final con las escenas impactantes de la salvación
de Don Juan; en ese espacio Zorrilla hace uso (a su manera) de
elementos de la tradición católica, pero los transforma
de manera que se ajustan a su objetivo final: la redención
de Don Juan.
En Don Juan encontramos que Zorrilla
(autor implícito) delinea para cada personaje un acto-espacio
sujeto primordialmente a la voluntad en contra o a favor del cumplimiento
de las restricciones sociales establecidas: no matar, obedecer
a los padres, respetar los lugares consagrados, no fornicar, no
desear la mujer del prójimo, etcétera. Los espacios
creados para los personajes son disímiles. Al no haber
cierta homogeneidad, suficiente para un acomodo de conveniencia
social, se produce el conflicto, el desorden, ocurre la transgresión.
Estos espacios, junto con la resolución final del conflicto,
constituyen la dianoia de la obra, la visión del
mundo desde dentro del texto y presentada al lector (o al voyeur
en el teatro). El espacio de acción referido, y perteneciente
a cada personaje, es finalmente delimitado por las restricciones
sociales--los Diez Mandamientos, en el caso de la religión
católica--y la voluntad de transgresión del personaje
(conferida por Zorrilla). Aquí se presume que el personaje
tiene conocimiento de esas limitantes--el bagaje social, ejes
de referencia en el espacio del actuar social--y al ir en contra
de ellas se efectúa un acto de transgresión-perdonado,
en el catolicismo, únicamente con la confesión,
contrición y la penitencia.
La obra teatral Don Juan Tenorio (aquí
se usa la edición crítica de Dámaso Chicharro),
obra del periodo romántico, presenta una gran variedad
de temas para el análisis crítico.8
Por otro lado, Don Juan Tenorio, es una obra modelo de
la sociedad masculinista en donde la trama se centra sobre la
conquista del otro: por medio del duelo o por medio del acto sexual.
En el primer caso existe violencia; en el segundo caso, además
de la violencia inherente, existe el engaño a la mujer
como objeto deseado exclusivamente para el placer--con excepción
de Doña Inés al final, que sirve de herramienta
para llenar la agenda del autor. En esta obra, la violencia y
la seducción (¿estupro?) se presentan como propiedad
exclusiva del hombre--curiosamente, reflejando la realidad de
nuestra sociedad en donde el abuso sexual es problema exclusivo
del hombre y no de toda la sociedad (como lo sería por
ejemplo el uso de drogas, alcoholismo, o tabaco). La mujer es,
finalmente, el objeto que conquistar, negándosele o por
lo menos no presentando su derecho al deseo y goce sexual, su
capacidad de seducción y su libre albedrío. Así,
los conflictos se producen bajo el manto de la masculinidad.9
Por otro lado, las complejidades de la
obra hacen que los críticos se contradigan. Por ejemplo
Joaquín Casalduero en "Aciertos y popularidad de Don
Juan Tenorio" dice: "El éxito asombroso de
Don Juan Tenorio puedo explicármelo por su falta
de complejidad. Falta de complejidad, es claro, que ha sido considerado
como uno de sus mayores defectos" (el subrayado es mío
233). A este respecto, Claude Cymerman sugiere que la segunda
parte de la obra destruye la unidad obtenida por Zorrilla en la
primera parte y prácticamente podría ser eliminada
(cit. en Mansour 252). Sin embargo, ¿es la falta de complejidad
lo que atrae al público a ella?, o ¿es que la fácil
lectura de la misma, no es más que una retroalimentación
de lo que la gente desea fuera del acto-espacio personal?
En la primera parte, primer acto (titulado
por el autor como "Libertinaje y escándalo"),
primera escena, de entrada tenemos la didascalia que dispone primeramente
un espacio escénico propicio para la transgresión:
el espacio del carnaval, el espacio de las máscaras, la
música, la diversión popular, en donde se suspenden
las normas convencionales de comportamientos y las reglas sociales
establecidas se relajan y como dice Buttarelli:
A fe
que eso es muy fácil, señor.
Las fiestas del Carnaval,
al hombre más principal
permiten, sin deshonor
de su linaje, servirse
de un antifaz, y bajo el,
¿quién sabe, hasta descubrirse,
de qué carne es el pastel? (88)
Como veremos, existen ejes referenciales
que aluden al "buen actuar" para indicar que lo que
se llevará a cabo en la taberna, está fuera del
orden ético y moral. Bajo este clima "licencioso"
las primeras palabras de la escena pertenecen a Don Juan con un
deíctico condenatorio contra los que infringen su espacio
de concentración: "¡Cuál gritan esos malditos!"
(79). De esa forma se presenta al mayor transgresor y de esa
forma quizás, se trata de jugar con la catarsis y empatía
para el héroe trágico: Don Juan contra los demás,aunque
no le faltan ayudantes.
En las primeras escenas, en la taberna,
casi todos los personajes importantes se encuentran bajo el mismo
espacio escénico. Por ejemplo, Don Gonzalo y Don Diego,
ambos con antifaz, protestan con soliloquios su presencia en la
taberna, se sienten a disgusto, fuera de lugar, en un espacio
"no convencional" para ellos: "(¡Que un hombre
como yo [...])" (90); "(¡Que un hombre de mi linaje
[...])" (91), y posteriormente expresan con mayor fortaleza
su desaprobación por el actuar de Don Juan y el de Don
Luis que se ha mostrado casi paralelo. De esta manera vemos entonces
que Don Gonzalo y Don Diego muestran los límites de sus
acto-espacios. Por un lado muestran que defienden los
valores de la sociedad y por otro, protestan por la transgresión
de Don Juan y Don Luis. Don Gonzalo y Don Diego presentan el
acto-espacio de los valores impuestos y con su actuar muestran
que los límites han sido transgredidos por los dos aventureros:
Gonz.10 ¡Insensatos! ¡Vive
Dios!
que a no temblarme las manos
a palos, como a villanos,
os diera muerte a los dos! (109)
y en otra parte:
Diego. Sí vamos de aquí
donde tal monstruo no vea.
Don Juan, en brazos del vicio
desolado te abandono
me matas..., más te perdono
de Dios es el santo juicio. (112)
Por otro lado, Don Luis, también
muestra la limitación de sus acciones cuando Don Juan le
convence de que fue vencido por la cantidad de sus conquistas
y demás hechos. Hasta allí llega, su acto-espacio
queda definido; Don Luis acepta su derrota, proponiendo a Don
Juan otra transgresión: conquistar a una novicia "que
esté para profesar" (107). Aquí Don Luis muestra
sus limitantes (cuya fortaleza es auxiliada por la presión
del matrimonio próximo) y no tiene voluntad de rebasarlas
más buscando sólo meter a Don Juan en otro desafío.
Don Juan por su parte, muestra la voluntad
para transgredir los límites sociales del orden conformista
heterosocial--la voluntad de ampliar más su acto-espacio--al
apostar tanto sobre la conquista de Doña Inés en
el convento así como la de Doña Ana futura esposa
de Don Luis. Aparentemente, la conquista sexual es lo que afianza
la masculinidad tanto de Don Luis como la de Don Juan. Es interesante
lo que Gregorio Marañon dice al respecto:
Ahora bien; lo típico del varón
perfecto es, precisamente, la gran diferenciación del objeto
amoroso; su localización en un tipo femenino fijo, capaz
de pocas modalidades y muchas veces de ninguna. El amor del varón
perfecto es estrictamente monogámico o reduce sus preferencias
a un corto repertorio de mujeres, generalmente parecidas entre
sí; en suma, como otra vez he dicho, a un juego de variaciones
limitadas sobre un mismo tema. (76)
El problema aquí es que las conquistas
de Don Luis y Don Juan no tienen nada que ver con el amor, tienen
que ver sí con el placer erótico y el dominio del
otro; tampoco se trata de una "indecisa varonía"
(Marañon 77), concepto que "sólo encontró
adeptos entre algunos intelectuales de tercera fila (Agustín,
1928; Nubiola, 1951), pero fue tenida en cuenta por los de primera
y segunda" (Fernández Cifuentes 28). La propuesta
de Marañon (siguiendo a Freud) bordea en una homosexualidad
latente en Don Juan. Sin embargo, el patriarcado impone el orden
en lo sexual (con la monogamia y el heterosexismo); ambos, Don
Luis y Don Juan, transgreden los impuestos con sus acto-espacios.
En ningún caso vemos que exista, en el texto de la obra,
el deseo de cualquiera de los dos en tener relaciones sexuales
con uno de igual sexo:
Luis. Sólo os falta en justicia.
Juan. ¿Me la podéis señalar?
Luis. Sí, por cierto: una novicia
que esté por profesar.
Juan. ¡Bah! Pues yo os complaceré
doblemente, porque os digo
que a la novicia uniré
la dama de algún amigo
que para casarse esté. (el subrayado es mío 107)
Ese sólo en la cita anterior
propone que no hay otra relación sexual que explorar más
que la propuesta. La única transgresión restante
a Don Luis es la de aceptar la contrapropuesta de Don Juan. Don
Luis pone en riesgo a su prometida bajo el pretexto de que no
sería posible el triunfo de su contrincante . No desea
concederse una retirada humillante ya que quedaría en claro
la duda sobre el cariño para él y la honestidad
de su amada ante el acoso de Don Juan. Así entonces, el
acto-espacio (dionisíaco) de Don Juan ha entrado
en conflicto con el de los demás (apolíneo), incluyendo
el de Don Luis (ahora contrario a Don Juan), precisamente por
su voluntad de transgredir las normas de la sociedad. Este afán
de transgresión por parte de Don Juan causa el desorden
que Zorrilla trata de resolver precisamente en la segunda parte
del drama. Además de lo antes expuesto, con el acto-espacio
proporcionado a Don Juan, se (des)valora la relación romántico-sexual
con Don Juan como el rebelde que incita a la liberación,
tratando de destruir las bases monológicas del orden social:
la monogamia, reproducción, estabilidad, orden. La vida
licenciosa de Don Juan llega a su fin cuando su acto-espacio
se restringe y queda establecido al enamorarse de Doña
Inés:
Juan. Comendador,
yo idolatro a Doña Inés,
persuadido de que el cielo
nos la quiso conceder
para enderezar mis pasos [. . .] (185)
Don Juan hace a Doña Inés
el objeto de su preocupación, que es precisamente lo que
la ideología patriarcal desea: una mujer "fuerte"
que pueda ayudar al hombre a "enderezar" sus pasos.
Como se ha visto, todo personaje de importancia11
tiene su acto-espacio, y en la obra, el de Doña
Inés es especialmente notable. Mi visión se opone
a la de Alborg (cit. en Chicharro 41) el cual considera a Doña
Inés débil, un "personaje poco hecho, movido
a voluntad del autor." El acto-espacio de Doña
Inés es asignado por el autor; pero la debilidad vista
por Alborg es valorativa, ya de acuerdo a la sociedad, Doña
Inés, como mujer, no debe transgredir los límites
impuestos. Según Alborg, Doña Inés es débil
porque cae en las redes de Don Juan. Suponiendo que Doña
Inés es consciente de las consecuencias futuras de irse
con Don Juan (y no hay nada en el texto que lo contravenga), de
la misma manera, pero visto al contrario, se puede decir que Doña
Inés tiene fortaleza suficiente (asignada por Zorrilla)
para ir en contra de los límites del acto-espacio
inicial y tratar de conseguir lo que quiere--bien sea únicamente
el goce sexual; después de todo, ella es la que tiene más
que perder ante la sociedad y ante ésta ella es transgresora
en mayor forma que Don Juan--al huir y aceptar irse con él--y
para eso se requiere fortaleza, para vencer el límite impuesto
por la colectividad. Doña Ana por otro lado, también
es transgresora--cuando acepta pasar la noche con Don Luis antes
del matrimonio--pero esa transgresión se pierde por el
engaño de Don Juan. En la obra de Zorrilla, Doña
Inés es la única mujer que emplea su voluntad para
expresar deseo erótico-sexual--algo contrario a la norma
masculinista. A la postre, Doña Inés falla como
modelo de rebeldía ya que vuelve a la pasividad y en espera
del hombre de sus amores; sirve para cumplir su destino asignado
al modelo de la mujer sacrificada por el bien del hombre.
¿Pero cuál es definitivamente
el conflicto que Zorrilla desea resolver? Para el fin de la primera
parte, Don Juan ha transgredido las normas de conducta social
y religiosa. Allí, Don Juan ya es un sacrílego,
asesino, y en su descargo, un ser apesarado, empujado por las
circunstancias--un "héroe romántico."
El conflicto, en el que Don Juan ha caído, no tiene resolución
social aceptable--si descartamos la pena de muerte o la cárcel
como solución "romántica"--y es esto lo
que hace a la obra única en su complicación. La
supuesta sencillez, mencionada anteriormente, no existe. En realidad
Zorrilla mete al héroe romántico en un atolladero
del cual, para redimirlo, debe inventar otro espacio para que
allí se inserte la posible solución al conflicto:
la salvación de Don Juan por el amor de Doña Inés.
En la segunda parte, los espacios utilizados
por Zorrilla se complican. En esta parte vemos como se crea un
espacio escénico "visible" sólo para Don
Juan (y nosotros lectores/espectadores) y no para Avellaneda y
Estrella (de ahí la pelea entre Don Juan y ellos). Este
espacio pertenece a los muertos incursionando parcialmente en
el espacio escénico de Don Juan o vice versa. Este espacio
se hace necesario para intentar una solución alterna al
conflicto, es el espacio-queer. Este espacio queda
muy por fuera del que está limitado por la convenciones
sociales, es un espacio moldeado ante la inoperancia y la cerrazón,
el conflicto es irresoluble en el espacio "real" de
la sociedad, las limitantes impuestas no permiten una salida apropiada
al deseo de Zorrilla. Hay que tomar en cuenta que la solución
de la salvación de Don Juan no cumple con las leyes sociales,
pero sí con las enseñanzas bíblicas de misericordia,
por esto, Zorrilla utiliza al amor como vía de acceso al
espacio-queer, al espacio donde la transgresión
tiene arreglo.
En la religión judeocristiana se
tienen varios ejemplos del "sacrificio" humano por "amor,"12
el más conocido: la inmolación de Cristo Jesús
por amor a los humanos. De acuerdo a las enseñanzas cristianas
Jesús es la oveja del holocausto en redención por
las transgresiones de los hombres. Este modelo es el que sigue
Zorrilla en la persona de Inés. El amor de Doña
Inés, junto con el arrepentimiento de Don Juan, logran
la salvación del mismo. Zorrilla crea un espacio-queer
para resolver el conflicto, pero la solución misma no es
un acto queer, ya que el acto, extraño en sí
(el hecho de que dos difuntos se conjuguen para la salvación
de ellos mismos), hace uso del lenguaje del patriarcado: el amor
de la mujer que todo lo limpia, la mujer sacrificada en aras del
hombre. Entonces, el acto de rebelión iniciado por Don
Juan, termina con el convencionalismo del amor por una mujer (monogamia).
De igual manera, se puede decir que Zorrilla se vence ante la
sociedad patriarcal, invocando el perdón (como varias veces
buscó el perdón de parte de su padre) para el transgresor
por medio de la intervención divina, algo que la sociedad
creyente no podría negar ya que la enseñanza es
que Dios es todo misericordia. Don Juan, entonces regresa al
redil. Zorrilla crea estos espacios y personajes, y con éstos
nos propone un reflejo de la sociedad: los defensores de los valores
de la sociedad--Don Gonzalo y Don Diego; eventualmente también
Don Luis; los que transgreden--Don Juan, Don Luis, Doña
Inés y debo incluir aquí a Brígida, cuyo
acto-espacio es delineado sin que ella efectúe acto
directo más que su labor de "facilitadora" en
beneficio de Don Juan; los "espectadores" en la obra-criados,
capitán Centellas, Avellaneda, quienes representan a ese
segmento de la sociedad que sin llevar a cabo las "proezas"
de los transgresores, las admiran.
La obra de Don Juan Tenorio, representa
una historia de una revolución fallida. El personaje de
Don Juan cae al final en los convencionalismos de los cuales deseaba
escapar. Los acto-espacios son utilizados para elaborar
el conflicto y posteriormente se utiliza un espacio-queer
en busca de una desenlace satisfactorio; hasta aquí la
obra es contestataria. Sin embargo, en el acto final de la salvación,
Zorrilla echa mano del bagaje convencional hegemónico
para proveer un final feliz, resultado del arrepentimiento de
la vida caótica anterior, y así mismo el resultado
último es moralista ya que sin el arrepentimiento, Don
Juan junto con Doña Inés, de acuerdo al mismo texto
(y de acuerdo a las creencias religiosas), serían condenados
al fuego eterno.
Concluyendo, en la primera parte de este
ensayo se expone la teoría de base para los espacios
propuestos. Ciertamente, la teoría guarda una semejanza
con la del estructuralismo. Sin embargo, los espacios
planteados, a diferencia del estructuralismo, traen al plano de
la discusión los conflictos producidos por circunstancias
que intervienen en las decisiones humanas, sobre todo, la compulsión
por parte de la ideología hegemónica para el resguardo
de los valores morales de la sociedad. Sin duda, el valor de
estos espacios, en el cometido de la crítica literaria,
quedaría sensiblemente reducido sin efectuar una lectura
contracorriente, una lectura queer. En la segunda parte
del ensayo, se usa la obra de Don Juan Tenorio para demostrar
cómo usar los espacios a manera de herramienta de
crítica. De hecho, los espacios pueden utilizarse,
con la función propuesta, en cualquier texto literario
en donde se expongan conflictos producidos por las acciones de
personajes. De igual manera, basta con mirar alrededor, en el
vivir de cada día, para conceptuar los acto-espacios
dentro de los cuales cada quién actúa y cómo
al translaparse unos sobre otros, se producen conflictos.
1
Resulta muy complicado el intento de castellanizar este vocablo,
al igual que el de gay. Mientras que en la academia anglo-sajona
se ha adoptado despojándolo de todo significado peyorativo,
en el español no existe el término con una correspondencia
completa, ya que términos como "raro," "diferente,"
"extraño," "curioso," propuestos por
el Oxford Spanish Diccionary (1994), conllevan un significado
marginal que los torna homofóbicos. Por otro lado, David
W. Foster define a la teoría queer así: "A
field of and research concerned with how social and cultural constructions
affect sexual identity and gender. It proposes that sexual identity
is never natural and is not simply the consequence of biological
determination. Sexual identity is, rather, the consequence of
a process of social and cultural construction whereby a series
of circumstances, forces, and practices interact to create for
an individual a sexual identity" (personal communication).
2
La proxémica, que es la técnica de la utilización
de los diferentes tipos de espacio (escénico; interpersonal:
entre actores, entre actores y espectadores, entre espectadores
y espectadores; y el arquitectónico), amplía el
concepto de espacio al conjugar al espacio físico con el
de relación.
3
Una explicación elemental de este seudoespacio puede derivarse
considerando, por ejemplo, la angustia que uno podría padecer
en una gran urbe sin el panorama total de ella. Es decir, el
encontrarse dentro del caos citadino sin el mínimo conocimiento
de las calles, los sentidos del tráfico vial, los monumentos
que pudieran cumplir como puntos de referencia; es decir, ignorar
todo lo que bien podría asistir al individuo para fines
de orientación en el arreglo urbano de una metrópoli.
Bajo esta circunstancia, no se tiene el discernimiento y, por
lo mismo, no se puede efectuar un mapa "orientador."
Así entonces, el sujeto se encuentra desorientado con
el caos urbano. La ansiedad aludida se disipa conforme la persona
va adquiriendo esa percepción orientadora. Obteniendo
el conocimiento "total" de una sociedad, uno puede estar
capacitado para conformar tácticas de solución a
los problemas político-sociales de la misma.
4
Es decir, en donde el discurso es dominado por los hombres y por
lo mismo la ideología queda así marcada.
5
Por ejemplo: la posición de autoridad de un personaje le
posibilita el uso del poder para beneficio personal. Es decir,
su acto-espacio es ampliado artificialmente, dando la impresión
de que sus actos son lícitos.
6
El ensayo "El discurso homofóbico: el caso de Los
muros de agua de José Revueltas" será publicado
en Chasqui en noviembre de 1998.
7
Por ejemplo, una novela con ideología marxista, usando
un discurso homofóbico.
8
Ermanno Caldera en su discusión de "Los temas del
teatro romántico" se refiere, de manera sucinta, al
espacio como materia importante en las obras románticas,
más que nada al paisaje "en estrecha relación
con la situación cronológica de lo que se narra"
(207).
9
Una forma obvia de definir masculinidad es recurriendo al Diccionario
de la Real Academia Española (Vigésima Primera
Edición): "Cualidad de masculino," y esto último:
"varonil, enérgico" lo cual nos llevaría
a definir varonil, etcétera, etcétera. Por lo anterior
me inclino a definirla, para el objetivo planteado, como todo
tipo de manifestación para mostrar fortaleza física,
sexual, en respuesta a una influencia real o imaginaria externa
(como es la del patriarcado) que cuestiona o exige del hombre
esa capacidad.
10
La forma en que se señalan los parlamentos de los personajes
(por ejemplo: Diego., Juan.) pertenece a la edición crítica
mencionada al principio de la segunda parte del ensayo, por lo
cual aquí se respeta dicha forma.
11
Todo aquel personaje cuya participación puede influenciar
el curso de la acción en la obra literaria.
12
El intento de sacrificio del hijo de Abraham es uno, otro es
el sacrificio de Santa Inés, por amor a Dios.
Obras citadas
Caldera, Ermanno. "Los temas del teatro
romántico." Francisco Rico 205-15.
Casalduero, Joaquín. "Acierto
y popularidad de Don Juan Tenorio." Francisco Rico
233-38.
Chicharro, Dámaso, ed. Don Juan
Tenorio. Málaga: Colección Agora, 1982.
Díaz-Plaja, Guillermo. "Perfil
del teatro Romántico." Francisco Rico 201-4.
Fernández Cifuentes, Luis, ed. Don
Juan Tenorio. Barcelona: Crítica, 1993.
Foster, David W. Producción cultural
e identidades homoeróticas: teoría y aplicaciones.
San José: Ed. de la U. de Costa Rica, 1997.
Jameson, Fredric. "Cognitive Mapping."
Marxism and Interpretation of Culture. Ed. Cary Nelson
and Lawrence Grossberg. Urbana: University of Illinois Press,
1988. 347-57.
Luzuriaga, Gerardo. Del absurdo a la
zarzuela: glosario dramático, teatral y crítico.
Ottawa: Girol Books, 1993.
Mansour, George P. "Parallelism in
Don Juan Tenorio." Hispania 61 (1978): 245-53.
Marañon, Gregorio. Don Juan.
Novena ed. Madrid: Espasa-Calpe, 1960.
Rico, Francisco, ed. Historia crítica
de la literatura española. Barcelona: Crítica,
1982.
Selden, Raman, and Peter Widdowson. A
Reader's Guide to Contemporary Literary Theory. 3rd ed.
Lexington: The University Press of Kentucky, 1993.
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